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Edición 2825 - Viernes 25 de Julio de 2008
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  Quinchos del Lunes 21 de Julio de 2008
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Con la excusa de la Semana del Amigo, las reuniones fueron más numerosas que de costumbre, pero en todas se habló (y se hizo humor, claro) sobre lo ocurrido en el Senado. Desde los chistes más obvios («Batman» Cobos derrotando al Pingüino en términos procaces) hasta otros más refinados. Hubo un almuerzo con el presidente de Lituania (inusual por estos días que visite el país un primer mandatario, de cualquier nación que sea), un sarao en vetusta disco de los 70, un almuerzo en la mansión de uno de los empresarios más poderosos de la Argentina, otras fiestas por el Día del Amigo y la ácida disertación en Recoleta de un ex amigo de un ex presidente, que le avisó a otro ex presidente: «No lo elijas». Las razones de este consejo, a continuación. Veamos.
La presidente Cristina de Kirchner en el trago amargo de brindar con su par lituano, Valdas Adamkus, horas después de su derrota en el Senado. El encuentro le sirvió de excusa para no asistir al acto de AMIA, pero lo curioso es que Adamkus sí lo hizo.
  • Clima mortuorio en el Palacio San Martín al día siguiente de la votación negativa contra el proyecto oficial de retenciones. Ni una palabra sobre Julio Cobos, quien sentenció la medida, ese vicepresidente al que tratan de traidor por orden presidencial olvidándose que pertenece a otro partido. Hasta olvidándose de que ellos son peronistas y la lealtad, en ese partido, es una utópica aspiración. Sepulcral entonces la reunión previa al almuerzo y el almuerzo mismo, presidido por Cristina de Kirchner en homenaje a su colega lituano, Valdas Adamkus, quienes llegaron una hora tarde a la cita. Atentos los invitados a mohínes o declaraciones de la mandataria luego del revés, pero ella -como correspondía- se limitó a las formalidades de rigor y guardó para la noche, en el Chaco, referencias a la traición o a sus dificultades como artista de vanguardia para que otros comprendieran sus acciones. «Ya entenderán», dijo.
    Tampoco sobre el tema hablaron los ministros Carlos Tomada, Nilda Garré y Florencio Randazzo, quienes compartieron asiento con Carlos de la Vega -impensable pensar en que este dirigente se atreverá a alguna audacia en su vida- para debatir la calidad de la teja de hongos patagónicos ahumados del primer plato, la textura del ojo de bife al Malbec del segundo o la emulsión de la crema quemada de postre. Lo que más los exaltó, sin embargo, fue la discusión sobre la crisis en los Estados Unidos: hablaron como si ellos fueran ciudadanos perjudicados de ese país. Comprensible: no iban a hablar sobre los ciudadanos perjudicados del país que habitan. Los lituanos se sorprendían del espacio periodístico que había provocado la visita de su presidente. Hasta que alguien les advirtió que, a la Argentina, hace mucho tiempo que no vienen presidentes; por lo tanto, esas raras visitas son una novedad para la prensa. Cristina atropelló de entrada y habló casi sin respirar hasta que le advirtieron, con precaución, que los invitados no entendían lo que decía. Pausa y, luego, reflexiones sobre la AMIA, la desgracia de que los dos países habían soportado dictaduras y una referencia a Ugné Karvelis, la última compañera de Julio Cortázar -a quien, curiosamente, no se lo mencionó como tardío revolucionario y simpatizante de Montoneros, luego de haber sido un empedernido antiperonista-, de quien «Autopista del Sur» es mi preferido, dijo. Lectura obvia para el momento: trata de un embotellamiento brutal de tráfico, punta para aludir a la importancia del tiempo, a la resignación frente a la lucha.   

  • Después, lo de siempre, los lazos entre los dos países, la importancia creciente del tango en Lituania, la tierra argentina que albergó exilados hace 100 años y luego de la Segunda Guerra (muchos instalados en la zona de Berisso), hasta un tácito reconocimiento de que había una cuestión sobre la que no se iba a hablar. Algo así, o peor, que lo de Cobos. Sucede que en la reunión flotaba un tema: la convertibilidad, ese monstruo con el tiempo repudiado por los Kirchner. «Para nosotros fue un éxito», confesó uno de los visitantes, agradecido además porque en 1994 Domingo Cavallo le envió algunos asesores para que colaboraran con la implementación. Otro tema entonces al olvido, búsqueda de tópicos intrascendentes entre Julio Werthein, Eduardo Eurnekian, Carlos Heller, Mario Vicens, Alejandro McFarlane (no preguntó por las tarifas, tampoco contó si el grupo que integra se hará cargo de una nueva compañía), Ernesto Gutiérrez, el sindicalista Juan José Zanola (Bancarios) y el diputado Agustín Rossi que insistía en que lo del Senado era un capítulo cerrado y que el gobierno respetará la decisión parlamentaria. Como si alguien lo hubiera puesto en duda o como si se tratara de una concesión o gentileza del Poder Ejecutivo.
    Pasaron rápidos los platos, Cristina amagó al retirarse pasar por la línea de empresarios que la aguardaron para el besamanos, pero -como no era momento- optó por otra salida. No quería saludos, adhesiones o preguntas. En el grupo de invitados exponía el intendente de San Martín, Ricardo Ivoskus, hijo de lituanos, quien contaba que fue a ese país hace dos meses y que, luego de algunas entrevistas, se le aparecieron primos, tíos y sobrinos que nunca había podido conocer. Como el «Gente que busca gente» de la tele o el sitio más moderno « Facebook» que creó un veinteañero de Harvard. También, como encontró audiencia para sus palabras, alarmó con el crecimiento de la tasa de mortalidad infantil, atribuible en apariencia a la cantidad de mujeres que llegan del Uruguay sin ningún tipo de examen para parir en mejores hospitales y, sobre todo, tener hijos argentinos. Sobre los fenómenos migratorios habló el brigadier Constantino, explicando el auge del español en los Estados Unidos y la intención de más de uno por traducir el himno de ese país al castellano. Bendini, del Ejército, hizo un aporte menor sobre el tema y rechazó la idea de Ivoskus de ir a instalarse en San Martín, donde al lado del Liceo Militar hay una residencia espectacular para el jefe militar con un quincho «en el que podríamos hacer grandes asados». Prefería Bendini sostener que hay más gente interesada por ingresar a la carrera castrense -igual los indicadores son bajos frente a otras épocas-, aunque no en el ramo de voluntarios que reemplazó al servicio militar. Hay 7.500 disponibilidades y apenas hubo 4.000 interesados. Un empresario comentó: que no se entere Guillermo Moreno, dirá que es efecto de la baja desocupación y el INDEC, luego, explicará que la reactivación privada es tan importante que nadie quiere ingresar al sector público.

  • Justo en la semana del amigo, muchos del oficialismo hablan de traidores. Curioso el fenómeno o la coincidencia. Hubo más de una reunión con el tema de la amistad -tres para destacar- de ese día que inventó un argentino, como alguna vez otro hizo lo mismo con el dulce de leche. El más festivo de los encuentros se realizó en New York City, aquel fashion y bailable boliche de otras décadas en la avenida Alvarez Thomas, hoy con el mismo dueño (Fabre) interesado en revitalizar la concurrencia de «solos y solas». Encontró una causa, un personaje: Guillermo Coppola, quien reincidió en el protagonismo nocturno con una fiesta del amigo, imperdible para los que se divierten desde hace mucho en Buenos Aires, repleta y bien servida, al menos en el vip (al cual había que acceder con una muñequera que llevaba la siguiente inscripción: «Volvió Guillote»). Por supuesto, el ex mánager de Maradona cultiva otras formas en apariencia -estaba con su nueva mujer embarazada- y apareció con la compañía de quienes lo frecuentan en el gimnasio, también un equipo de abogados que ganó un mundial de fútbol en España, Alfio «Coco» Basile con alguien del Sub-20, Adrián Menem, Claudio Codina (La Raya), Luis Cetrá, el arquitecto Luis Cavillón, compradores y vendedores de futbolistas (Mario Recassens) y mujeres, muchas, altas, bajas, modelos o no, aspirantes, recatadas o jugadas (alguien pretendía organizar el concurso «En busca de la virgen del sobaco derecho»), separadas, divorciadas, en trance de y esposas que también se lanzaron a la pista cuandose levantaron las mesas luego de servirse la comida.
    Los que portaban la distinción de «Volviste Guillote» habían atravesado un servicio con sushi, bocaditos de salmón, pizzas, cazuelas de pollo y ñoquis, también -como no podían faltar- de ravioles, para cerrar con brownies con helado. A nadie pareció interesarle esa noche lo que había ocurrido en el Senado, más bien se escuchaban chistes mínimos sobre «Cristina está comiéndose los cobos» o «al kirchnerismo le quedaron algunos cobos sueltos». Inclusive, otros de mayor peso y grosería como los referidos a Batman y el Pingüino -imaginar la forma en que uno vencía al otro-, cuartetazos poco aleccionadores o avisos fúnebres al respecto. «Si Cobos es Judas, como dice Miguel Angel Pichetto, Néstor debe ser Jesús y, Cristina, María Magdalena», bromeaba otro que advertía: «Estén atentos, la mujer de Cobos también se llama Cristina». Sólo el sobrino del ex mandatario riojano se apartaba de ese ruido y aceptaba discutir sobre las diferencias de un sistema presidencialista, como el argentino, y el parlamentario como el de Italia o Francia: en esos países europeos, conjeturaba, un episodio como el voto de Julio Cobos en contra de una resolución presidencial habría provocado -sin ningún tipo de convulsión institucional- el cambio de gobierno por la falta de confianza del Congreso.   

  • Más humor al escuchar esto: algunos insinuaban la conveniencia de un sistema parlamentario. «Le hubieran hecho caso a Raúl Alfonsín y todo sería distinto, la Constitución sería otra», sopló uno de los radicales presentes que, por su cuenta, repetía: acá ese voto del Parlamento ya no incide, lo que habrá de incidir para una situación de crisis es la noticia de que los bancos no abran al día siguiente. Por allí pasa hoy la estabilidad de las instituciones. Cachondeo, insinuaciones, escotes y provocaciones en la pista, mientras los del fútbol hablaban de que el cuestionado presidente de River, José María Aguilar, a pesar de las críticas, aún encabeza las encuestas. Apenas si pasa 10%, pero hay tantos candidatos que la atomización lo ayuda. Casi un reflejo de la Argentina política. Interesó en la bacanal, sin embargo, el relato de un conocedor sobre «Cacho» Vázquez, el amigo de Néstor Kirchner que murió el día de la sesión, y a cuyo sepelio acompañó en Río Gallegos (y al que mencionó Cristina en su primer discurso luego del episodio del Senado, en el Chaco). Doble dolor en esa jornada para el dúo oficial.
    Coincidía, además, con la fecha del recuerdo por los amigos. Rememoraban que este hombre, en otros tiempos, había sido una suerte de guía del matrimonio, padrino de casamiento, quien los albergó en su casa cuando la pareja recién formada buscaba un espacio en el Sur, y a quien más de uno imaginó en la cercanía del poder cuando Kirchner asumió la Presidencia. Por entonces, vivía en la Capital, era uno de los pocos a los que frecuentaba antes de ser candidato, pero Vázquez -de activa vida en el mundo femenino, se casó varias veces- arrastraba un problema de salud que lo inhibía para trabajar en horario completo (vivía de una jubilación por haber sido ex diputado provincial) y, por lo tanto, se quedó en numen de la familia, no en colaborador rentado. Alguno precisó que Kirchner fue al velatorio porteño, luego al entierro en el Sur, pero que no lo había visitado en la clínica donde penó por años. Ese dato permitió conjeturas varias sobre las pocas amistades reales del ex presidente, la consistencia de éstas, la escasa presencia en su casa de un núcleo de estas características a lo largo de los años e, inclusive, la relación no particularmente frecuente con su propia madre, la cual (como es público) guarda un perfil bajísimo y de quien casi no se han divulgado fotografías. Solitario él, solitaria ella.

  • Otra jornada con la misma misión amistosa fue el almuerzo en La Torcaza, ese templo de mármol de Carlos Pedro Blaquier en San Isidro, con una multitud de invitados y concierto previo del eximio joven pianista Horacio Lavandera ( después, para mostrar la intimidad familiar, cantó arias y algún tema religioso la propia mujer de Blaquier, Cristina). Hubo self service de entrada (unas 40 tentaciones, sobresaliendo las codornices al horno, una singularidad en una casa llamada La Torcaza) para luego sentarse y encarar unos finos crêpes con salsa blanca y hierbas que escondían una crema de ricota. Hubo un solo postre (tarteleta de chocolate derretido con miel), vinos de invalorada procedencia y asistentes de diversa actividad: del municipal macrista Horacio Rodríguez Larreta al ex ministro de la Corte Antonio Boggiano, los embajadores de Brasil y Francia, el modisto Gino Bogani, sin olvidar a Norberto Frigerio, los Parisier, Claudia Stadt, Daniel Maman, ex modelos como Evelyn Scheidl y Mora Furtado y Enrique Llamas de Madariaga, a quien luego le cantaron el happy birthday porque había cumplido décadas el día anterior.
    Inevitable la unanimidad de las conversaciones: de Cobos a Cristina, de Cristina a Néstor, inclusive entretelones de la votación en el Senado. Por ejemplo, la angustia del senador radical Ernesto Sanz, 10 minutos antes del primer escrutinio, reclamando la aceleración del trámite porque «se me cae el turco», convencido de que el oficialismo tramaba dilatar la sesión para que se retirase uno de los senadores. Aludía, según contaban, a la complicación febril y virósica de Carlos Menem, quien había venido de la clínica al recinto -hasta un atrevido dijo que el oficialismo lo había tratado de retener en esa internación- y no resistía más en su sillón. U otra, que pasó inadvertida: hablaban de que el lobby pesquero logró el voto favorable de dos legisladores del Sur por conseguir el 9% de reintegro que reclamaba desde dos años antes.   

  • Frivolidades ciertas, tal vez, mientras algún jurista -más denso en su juicio- citaba a Santo Tomás de Aquino, detallando su frase de que «la ley injusta no obliga en conciencia a su cumplimiento» o citando la Constitución nacional ( artículo 29) cuando menciona que «El Congreso no puede conceder al Ejecutivo facultades extraordinarias, ni otorgarle sumisiones o supremacías por las que la vida, el honor y la fortuna de los argentinos queden a merced de gobiernos o persona alguna». Cuando se pasa una valla, en estos casos, la explicación posterior se vuelve sólida, casi obvia: como Cobos, quien pasó del temor inicial frente al voto a una fortaleza pública desconocida (al recibir, claro, las manifestaciones de afecto y aprobación por su actitud).
    Después, conjeturas sobre el futuro, la posibilidad de un cambio de gabinete como oxigenación de la Presidente, episodio que carece de garantía en una administración como la de los Kirchner: nadie imagina a un hombre fuerte en un equipo de ministros, menos si llegaran a partir de Alberto Fernández o Julio De Vido; hasta ahora, los convocados por el gobierno han sido de insignificante presencia (Felisa Miceli, Carlos Fernández, Martín Lousteau, Florencio Randazzo, y otros que la memoria popular ni siquiera registra), simples moviconeros de la cúpula gobernante.

  • También apeló al Día del Amigo Ignacio Gutiérrez Zaldívar -se juntó con sus cuatro hermanos- y en Galería Zurbarán hizo noche de fiambres, lomitos y vino espumante con un centenar de invitados, entre ellos un sorprendido Carlos Grosso, a quien le encomiaban las obras que realizó en la Ciudad (Puerto Madero, por ejemplo), cuando hasta ahora «sólo recibía insultos por mi gestión». ¿También habrá reconocimiento tardío para Mauricio Macri, el que emprendió obras de remodelación justo enfrente de la galería después de 10 años de quejas? Dudas sobre ese devenir político, sólo certezas sobre tres cuestiones de Macri: 1) ha hecho un voluminoso libro sobre las refacciones y cambios en toda la Capital con imaginarias fotografías y planos; muestra ese material virtual como si estuviera hecho, está convencido de que habrá de cumplirlo; 2) algún infidente dijo que Julio Cobos habló por teléfono con él y le reconoció, antes de la peripecia legislativa, que tenía miedo físico; 3) a su vez, él personalmente la llamó a Cristina de Kirchner, después de la votación contraria, para decirle que contara con su respaldo institucional. Nunca -comentaban- le devolvieron el llamado desde Olivos. Su iniciativa, quizás, esté relacionada con una negra preocupación sobre lo que puede ocurrir en el futuro.
    Estaba Eduardo Menem, orgulloso de que varios días antes había pronosticado el empate en el Senado, a pesar de que ese anticipo había recibido el rechazo general: los Kirchner ya arreglaron con los remisos, « billetera mata galán», le aseguraban. Una pregunta natural acompañaba esta opinión: ¿cumplirá el gobierno las promesas que les hizo a legisladores como Ramón Saadi para que modificaran su voto? Nadie lo sabe; alguien comentó que ese tema fue discusión en Olivos luego de conocerse el resultado. Jorge Asís se solazaba con la plástica Graciela Genovés, quien expone en el Alvear, ya que ella pintó calesitas y él, como se sabe, es autor de la frase «Néstor Kirchner es capaz de chocar una calesita». Por lo tanto, decía: «¡Cuidate, porque si va a la exposición te puede producir un desastre con los cuadros!». Naturalmente, quien quisiera escucharlo podía señalar que él fue un pionero en cuestionar al matrimonio, casi desde el primer día que asumió Kirchner. El pintor Ernesto Bertani describía dos obras de ocho metros cada una que pinta para el museo de Daniel Scioli, en el Tigre, gobernador que -al revés de en otras oportunidades- no pudo escapar al sino descendente de la pareja oficial. Para colmo, decían, tanta voluntad solidaria con el poder -aunque ahora, como José Pampuro, habla de diálogo- le generó infinidad de conflictos en su entorno familiar. Lo más divertido era la confesión de un asistente, amigo de Julio Alak, el nuevo gerente general de Aerolíneas Argentinas, que hasta hace un mes le objetaba al ex intendente de La Plata su posible designación como candidato a presidir Racing Club. «Yo le decía que no le conviene, que se va a pelear con los amigos, que lo van a escrachar, que es una condena estar al frente de un club de fútbol». Pero, como se sabe, en 10 días todo cambió, y Alak ahora encabeza la estatización oficial de la compañía aérea. «Como se imaginan -sostuvo el confidente-, lo llamé a Julio el otro día y le dije: 'Agarrá Racing, que va a ser más fácil que Aerolíneas Argentinas'».   

  • Algunos habrán creído que asistir al palacete los acercaba a Carla Bruni. Se equivocan: ella prefiere famosos y, de la Argentina, hay pocos. Otros, como la liberada colombiana Ingrid Betancourt («tenía miedo de morirme sin volver a respirar el aire parisino»), entonaron emocionadamente La Marsellesa para exhalar, desde el tercer mundo, un retazo del primer mundo. Era, claro, la celebración por 14 de Julio francés, en la embajada, repleta y calurosa, con imponentes hormas de queso, embutidos de Alsacia, más vinos y champagne de esa tierra que insiste en producirlos con calidad. Del gobierno, casi nadie, como si no le importara la relación con el único país europeo que le promete financiación -claro, para controvertidos proyectos como el tren bala-, al revés de otros indignados vecinos, como España, Italia o Alemania. A menos, claro, que uno entienda como representación del gobierno a Eduardo Luis Duhalde, Estela Carlotto, Rodolfo Mattarollo, el legislador porteño Juan Cabandié y la diputada Victoria Donda, la línea de los derechos humanos que seguramente asistió en honor a la Declaración Universal de los Derechos del Hombre que prometió la revolución que se conmemoraba.
    Abundaban los invitados con las condecoraciones que en su momento repartió
    Francia, también Mirtha Legrand, el ex canciller Adalberto Rodríguez Giavarini, el titular de la Corte Suprema (Ricardo Lorenzetti), Julio Strassera, Rosendo Fraga, el gobernador José Luis Gioja, Gregorio Badeni, Hipólito Solari Irigoyen, Julio Werthein, Leandro Despouy, Juan Bruchou, Hernán Lombardi, el solitario Aníbal Ibarra, Aníbal Jozami, Albino Gómez, China Zorrilla, Nelly Arrieta, Daniel Sabsay. No faltaron militares ni embajadores de otros países, en cantidad suficiente para constituir una periférica Naciones Unidas. Lo más notable de la reunión, previa a la movilización del campo en Palermo, era el entusiasmo de esa bullente burguesía con la protesta rural, más de uno compartiendo o preguntando (¿cómo vamos?) al diputado Adrián Pérez, de Elisa Carrió. Ninguno imaginaba los acontecimientos posteriores, ni siquiera cuando a las 5 de la mañana del día de la votación, a la Carrió -labios pintados de rojo, cabello arreglado en la frente pero apretada la nuca por haber estado apoyada frente al televisor- no la dejaron subir al estrado para festejar el triunfo de la votación. A pesar de que la pitonisa les vaticinó que julio sería un mes propicio para el agro.

  • Si alguien desea un baño ácido de oposición debió haber concurrido al almuerzo de «Lola», patrocinado por diversos dirigentes políticos -ex de la peña de Antonio Cafiero-, quienes convocaron a disertar a un ex vicegobernador de Néstor Kirchner, también su ex socio en materia política -por lo menos-, quien se desprendió de esa liga con algún ruido y hace unos años: Eduardo Arnold. Música para los oídos de esos militantes de la contra cuando, por ejemplo, el invitado refería anécdotas de la juventud: «Cuando éramos chicos, Néstor jugaba a la pelota con nosotros porque él traía la pelota. Lo poníamos de arco, no de arquero. ¿Me entienden?». Cada uno pedía el plato que deseara del restorán y pagaba gustoso la cuenta, ya que Arnold -demasiado irritante contra Kirchner- expresó reservas sobre limitaciones del ex mandatario.
    «Tiene un jugador menos», advirtió que se lo había dicho al propio Eduardo Duhalde antes de que éste lo designara candidato: «No me hizo caso, se equivocó. Néstor recibió un país en suba, con Lavagna manejando las cosas bien y miren lo que hizo. Un destrozo». Después, siguió con otros datos de la provincia, la relación comercial presunta de Kirchner con Lázaro Báez, las dificultades del gobernador Sergio Peralta, quien -según él- tiene obligaciones de salvar la obra pública contratada con Báez (anunció un conflicto judicial por una compra de 140 mil hectáreas que Báez habría hecho en El Calafate). Para cerrar, lo hizo con unas palabras del propio Kirchner: el consenso es la virginidad, una vez que se pierde nunca más se recupera. Como es de imaginar, hizo comentarios sobre la relación política del matrimonio, no observó un buen destino y, como esta semana ha sido pesada, mejor eludir esta vez sus pronósticos.   

  • Casi una conspiración, para los intelectuales del kirchnerismo, fue el casamiento de la hija del ex ministro radical de Defensa (también de Duhalde) Horacio Jaunarena. Es que la boda de la joven María con Martín D'Alessandro nucleó adversarios quejosos del gobierno, cercanos a Julio Cobos, alguno que otro peronista crítico y hasta un general. Y, por si fuera poco, asistió hasta el ex ministro de Economía Martín Lousteau (compañero de estudio de la novia en Londres) siempre apretado con su novia (bueno, al bailar). Gran fiesta en el Plaza, con un salmón de entrada, luego uno de los 4 lomos del hotel, más una torta de limón de dulce. La lista de invitados que exigiría investigación para los oficialistas era encabezada por Enrique Nosiglia, Juan Manuel Casella, el hijo de Raúl Borrás, Adalberto Rodríguez Giavarini, Ricardo Yofre, Claudio Escribano, Luis Gregorich, el ex embajador Arnoldo Listre. De otro palo, el ex ministro menemista Roberto Dromi -consultado también por el kirchnerismo- y el general Bossi, alguien a quien Kirchner no consideró para el ascenso. Como es de imaginar, cierta algarabía por la recuperación política de un ex radical que tal vez vuelva a ser radical, Cobos, recuerdos de quien era más amigo de él frente a otros y la seguridad de que no es perverso de la política.
    Lo que se confirmó con la ingenuidad de creer que se ha vuelto importante porque se lo dijo Diego Maradona, con quien en apariencia se veía anoche para cubrir el lado farandulesco que le falta. Aunque, para señalar un costado cuestionable desde la ética se recordó que Cobos nada ha dicho de la acusación sobre la valija que trajo Antonini Wilson con 800 mil dólares y que luego afirmó que eran para la campaña de Cristina (en verdad, era para la campaña de Cristina y del mendocino). Hablaban, como si fuera cierto, de que alguien de Inteligencia los pudiera estar escuchando u observando en el Plaza, lo que motivó un comentario de ese universo secreto: parece -decían- que Carlos Zannini se ha interesado en pesquisar el destino de unos aumentos de sueldos que finalmente no ocurrieron en la SIDE (no olvidar que se trata de fondos reservados). Hay por lo menos tres autoridades del área de Finanzas observadas, todos de la íntima dependencia de Francisco Larcher, el número dos del organismo, como suelen decir, víspera tal vez de algún enfrentamiento. Sin reconocer todavía la magnitud de sus fuerzas, los radicales -que supieron encuadrar a Cobos antes de la votación y protegerlo- viven pendientes de la ebullición política que produce Eduardo Duhalde: van a tratar de acompañarlo toda esta semana, sea en una reunión del Movimiento Productivo (hablará Jorge Busti), o en tres cumpleaños que no serán solamente sociales: el de Felipe Solá, el de Domingo Cavallo y el de Adolfo Rodríguez Saá. Quinchos al por mayor, sensación de fronda en cada reunión.

  • Vamos a terminar con un chiste en el que sin dudas se verá reflejado más de un lector. Veamos: Me diagnosticaron SADAE (Síndrome de Atención Deficiente Activado por la Edad). Lo descubrí un día que iba a lavar el auto. Al salir veo que hay correo debajo de la puerta. Decido revisar las cartas antes de ir al lavadero. Dejo las llaves del auto en la mesita de entrada, voy a tirar los sobres vacíos y las propagandas en el tacho de basura y me doy cuenta de que está lleno. Dejo las cartas -entre las que hay una factura- en la mesita para sacar la bolsa de basura. Pienso: ya que salgo, puedo pagar la factura con un cheque y echarlo al buzón que está a metros de la puerta. Pero en la chequera queda uno solo. Voy al escritorio a buscar otra chequera y encuentro sobre la mesa la gaseosa que estaba tomando y había olvidado. Saco la lata para que no se vuelque sobre los papeles y me doy cuenta de que se está calentando, y me digo: «Llevala a la heladera». Al ir hacia la cocina advierto que el florero está sin agua. Dejo la gaseosa sobre la cómoda y veo los anteojos para leer que estuve buscando toda la mañana. Los llevo al escritorio para después ponerles agua a las flores. Lleno una jarra de agua en la cocina y allí veo el control remoto del televisor, que anoche estuve buscando como loco. Decido llevarlo al living, donde debe estar, en cuanto les ponga agua a las flores. Vierto un poco, pero la mayor parte se derrama, por lo que vuelvo a la cocina, dejo el control sobre la mesa y agarro unos trapos para secar el agua. Voy hacia el hall tratando de acordarme de qué es lo que quería hacer con estos trapos... Al final de la tarde el auto sigue sin lavar, no pagué la factura, el tacho de basura está lleno, hay una lata de gaseosa caliente en la cómoda, las flores siguen sin agua, un solo cheque en mi chequera, no encuentro el control remoto ni mis anteojos de leer, hay una mancha en el parquet y no tengo ni idea de dónde están las putas llaves del coche. Y pienso cómo puede ser que sin haber hecho nada en toda la tarde, esté tan cansado...

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